El primer paso es recuperar la movilidad de la articulación de la cadera, ya que cuando el dolor aparece tendemos a movernos menos, lo que provoca rigidez y más molestias. Estos ejercicios suaves buscan liberar tensiones, aumentar la amplitud de movimiento y preparar tu cuerpo para la siguiente fase: el trabajo de fuerza. Con la práctica constante, notarás cómo el dolor y la inflamación en la zona del trocánter van disminuyendo de manera progresiva.
Una vez que avances en movilidad, el siguiente objetivo será fortalecer los músculos de la cadera y el glúteo, lo que es clave para estabilizar la articulación y evitar recaídas. De esta manera, no solo mejorarás tu capacidad de movimiento, sino también tu calidad de vida, recuperando actividades que quizá habías dejado de lado por miedo al dolor.
Recuerda: la constancia es la clave. Haz los ejercicios a tu ritmo, sin forzar, y escucha siempre a tu cuerpo. Si los acompañas de buenos hábitos como caminar de forma regular, mantener una postura correcta y cuidar tu descanso, los resultados llegarán antes de lo que imaginas.
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