Durante estos días intermedios, se busca reactivar la circulación, trabajar el rango de movimiento articular y fortalecer de forma suave los músculos de la pierna. No se trata de cargar peso brusco, sino de realizar ejercicios controlados, adaptados a tu progreso y respetando tu nivel de dolor y tolerancia.
La rutina incluye movilizaciones de tobillo y rodilla, contracciones isométricas y ejercicios de propiocepción para mejorar la conciencia de la extremidad. Al trabajar la propiocepción, no solo recuperas fuerza, sino también estabilidad, lo cual es fundamental para prevenir caídas una vez que vuelvas a apoyar la pierna por completo.
Además, la rehabilitación en esta etapa aporta otros beneficios esenciales: ayuda a evitar la atrofia muscular, mejora la coordinación neuromuscular y reduce la inflamación mediante movimientos suaves y repetitivos. Es una transición entre la fase de inmovilización inicial y una recuperación más activa, sin prisas, pero con constancia.
Es fundamental que realices estos ejercicios bajo la guía de un profesional y respetando siempre las indicaciones médicas. Asegúrate de hacer los movimientos con control, concentrarte en la respiración y descansar cuando tu cuerpo lo pida.
Recuerda: estos 15-45 días tras la fractura pueden marcar una gran diferencia en tu recuperación a largo plazo. Empieza hoy con intención, cuida tu pierna y construye una base sólida para volver a moverte con confianza y seguridad.

